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Greco di Tufo un Vino Blanco Milenario. DOCITALIA REVISTA LÍDER DE OCTUBRE

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El Greco di Tufo es uno de esos vinos autonos que tienen una historia milenaria que ahora les compartimos.
Para comenzar expliquemos lo que es una uva autóctona:  es una vid gestada en un área determinada, donde el clima y las características del territorio forjaron de manera única e irrepetible sus propiedades organolépticas.
Y ahora aclaremos a que nos referimos con un vino milenario: un vino producido con una uva autóctona desde tiempos remotos, pero que ha mantenido de manera comprobable su identidad hasta nuestros días.

El Greco di Tufo cumple perfectamente con las dos categorías; es producido en pureza con una uva autóctona y esta se refleja en el nombre mismo que el vino lleva desde hace miles de años.

Empezando por los orígenes de la uva, parece que inicialmente se llamó Aminea Gemina, debido a que frecuentemente producía racimos dobles y Aristóteles sostenía que las Amineas provenían de la Tessaglia. Varios relatos históricos narran que esta vid fue traída en el sur de Italia por la población de los Pelasgi alrededor del siglo V aC, un dato interesante, ya que en el nombre mismo de la uva se conserva el testimonio de sus orígenes.
El largo tiempo de presencia en el nuevo territorio (aproximadamente 7000 años) permitió una adaptación perfecta a su nuevo entorno, facilitado también por la excelente vocación de la región, no es un caso que hoy en día esta coincida con el área DOCG de este vino.

Se ubica en varios municipios contiguos hasta llegar a la falda del Vesubio arriba de la mítica ciudad de Pompeya en el corazón de la región Campania, una tierra que los antiguos griegos a su llegada bautizaron como “tierra de vinos”.

Es aquí que se encuentra un rastro particular de la identidad de este vino, en un fresco descubierto sobre la pared de la ciudad de Pompeya, donde aparece la dedicatoria de un amante decepcionado que escribe:

“Que fría fuiste Bice… ni con el Greco pude calentarte”. Un testimonio importante que confirma como la sociedad de aquel entonces, indicaba este vino con el nombre actual.

El mismo Plinio el Viejo, fundador de la moderna ampelografía, citaba: “En verdad el Greco es tan prestigiado que en los banquetes solo se sirve una vez”, otro dato poderoso en la comprobación de la identidad de un vino milenario.
Podríamos extendernos a mucho más evidencias para trazar el camino histórico de este vino, sin embargo el objetivo es dar al lector datos suficientes para dirigir su atención a un vino realmente único. Concluimos su historia en 1970 cuando el entonces presidente de la República Giuseppe Saragat, gran amante y conocedor de vinos, firma el decreto ministerial que reconoce en todo el planeta el Greco di Tufo como producto DOC.
Dejamos al lector como dulcis in fundo la descripción de las propiedades organolépticas de este vino, aconsejando que al degustarlo no se concentre exclusivamente en sus preferencias, sino en romper la barrera de lo conocido con esta opción de rara elegancia: de color amarillo dorado y 13 grados suficientes para formar bellos arcos que muestran de antemano su estructura.
A la nariz es intenso y peculiar con notas florales y frutales bien distinguibles y un hemisferio específico para un conjunto de especias familiares para quien conoce los aromas de las plantas y bosques del mediterráneo, siempre fino y agradable.

Al paladar es un triunfo de notas armoniosas en un marco de elegancia que confirma carácter único e inconfundible.

Autor:
GIACOMO VANNINI

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