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El vino es cultura. DOCITALIA REVISTA LÍDER DE SEPTIEMBRE

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CULTURA Y CARÁCTER DEL ORIGINAL

En los últimos años la pasión del público mexicano hacia el mundo del vino ha sido fuertemente impulsada por diferentes corrientes; sin embargo, el mercado actual ha quedado delineado en dos grandes grupos: el de la auténtica pasión y el del negocio.

En el primer grupo cabe ya un buen número de expertos y un sinfín de personas que realmente quieren conocer más; el segundo está compuesto por personas que sólo han visto una oportunidad de ganar dinero en este mercado antiguo pero nuevo para México, por ende, desempeñan su trabajo sin transmitir una genuina cultura enológica.

Las razones de esta ambigüedad del mercado no radican en un lugar, sino en el pasado, por lo que pido al lector regresar un poco las manecillas del reloj hasta el periodo del imperio romano para que pueda darse cuenta que el territorio que abarcaba, coincide con el “ombligo enológico” del planeta. Esto se debe a que la divulgación del vino durante el imperio fue algo serio para los romanos, a tal grado que llegaron a implantar vides en todos los territorios ocupados. Esta expansión vitivinícola fue posible gracias a los conocimientos botánicos que llevaban a cabo sobre la vid, tan avanzados que han quedado como el cimiento de la moderna ampelografía.

Es cierto que otras civilizaciones alrededor del mediterráneo -como los griegos y los fenicios, entre otros- empezaron antes de ellos la producción del vino, pero se trataba realmente de una bebida dulce que frecuentemente era mezclada con jarabes y frutas.

En antítesis a esta tendencia, los latinos supieron explotar el potencial del vino mejor que nadie, dándole la identidad y el carácter que todavía hoy tiene, es eso que realmente los convierte en los visionarios y fundadores de la moderna cultura del vino.

No hay otro caso comparable de algo que haya trascendido el tiempo hasta llegar a nuestras manos tan conforme al original como éste, tan es cierto, que aun cuando la moderna tecnología ha permitido afinar las técnicas de vinificación, el vino sigue teniendo en nuestra sociedad el mismo estatus que este tenía hace miles de años. Por supuesto, la calidad es un punto firme y un gran alcance de la moderna enología, pero un verdadero apasionado no limita su búsqueda a eso, porque se fundamenta sobre valores técnicos que se sustentan por sí solos, por lo que no tienen identidad.

Tomemos por ejemplo un vino con una acidez fresca o una buena astringencia o un bello color o un buqué complejo, estos pueden ser características de muchos vinos; sin embargo, el carácter de lo original es único e inconfundible, pero sólo para quien lo conoce.

Desafortunadamente, muy pocos protagonistas de este mercado han tenido una capacitación concreta o un contacto real con esta identidad y aquí está la razón que ha gestado la dualidad a la que estamos asistiendo. Si ellos conocieran la historia y el carácter de los vinos que han formado el nacimiento de su trabajo, podrían acceder a un potencial sin fin, incluso económicamente.

Ésa es la intención de nuestro artículo, dar a conocer al lector algunos vinos que han trascendido el tiempo, vinos milenarios que todo amante del vino debe conocer. Hablaremos de ellos en los próximos meses, ya que acordamos con el editor publicar cinco columnas más, enfocadas cada una a un vino en especial, para que podamos explicar por lo menos una parte de la historia de la que hablamos hoy.

Estamos convencidos que el lector encontrará muchas razones para apasionarse a algo que jamás dejará.

Autor:
GIACOMO VANNINI